viernes, 31 de julio de 2009

Día 24, jueves 30 de julio: Y al 6º día Dios creó al hombre... y Monument Valley


En el paraíso rojo, Monument Valley


Monument Valley, Arizona. 00:30 h. 6.235 millas recorridas (10.034 km)

Ayer, cuando nos enteramos de que el año pasado se había inaugurado un hotel dentro del parque de Monument Valley nos echamos las manos a la cabeza. Parecía un sacrilegio construir algo en medio de semejante maravilla. Sea como fuere, si el mal ya estaba hecho, había que aprovecharlo, así que esta mañana reservamos una habitación con vistas a través de internet. Por suerte aún quedaban. La habitación es cara en comparación con lo que nos estamos gastando de media en alojamiento, pero... es el dinero mejor gastado de mi vida. Y el hotel tampoco desentona tanto, está en la zona de aparcamiento, en un alto sobre el valle y bastante bien integrado con el entorno.

Hoy nos levantamos con la idea clara de adentrarnos en Arizona. Dejamos Silver City para coger carreteras secundarias hasta Window Rock, la capital de los indios navajo. Hoy hemos recorrido unos 700 km, pero no estamos cansados, han sido muy entretenidos y hemos tenido el privilegio de disfrutar de varios tipos de paisaje, a cada cual más sorprendente. De todos esos km, solo 30 han sido por carretera interestatal.

Ha llegado a ser desconcertante pasar del paisaje árido de tierra y pequeños arbustos del oeste de Nuevo Méjico, a los frondosos bosques de Gila o de Apaches, en la frontera con Arizona. Después de ellos, tierra amarillenta, luego más bosques y, de repente, el mundo se volvió rojo, y por favor que no cambie nunca.

Hicimos pues, parada para comer en Window Rock, y sobre todo, para visitar su Window Rock, un gran hueco en medio de una montaña. Impresiona por su tamaño. Esta ciudad está considerada la capital de los indios navajo, y ciertamente, por allí no se veía otra raza que no fuese la india. Por cierto, que los navajo han sucumbido al McDonalds, como el resto de la humanidad.

Se ve que nos hemos quedado con hambre, porque nada más salir del pueblo nos hemos "comido" una bola rodante del oeste. Ya sabéis, esa que cuando la veis suena el "tiroriroriiiiii tariiiirooooo". A pesar del susto porque en un principio no sabía que era aquello, ha sido uno de los momentos más graciosos del viaje. Íbamos tan tranquilos por el único tramo de interestatal del día y, de repente, algo se nos echó encima, literalmente, apareció de la nada y me subió por las piernas. Resultado, un pincho en la pierna derecha y "ramallos" por la ropa. Aún el otro día bromeábamos con que a pesar de haber recorrido pueblos "medio fantasma" no habíamos visto las bolas de arbusto, con lo que habíamos llegado a la conclusión de que era una invención del cine para dar más dramatismo a determinadas escenas. Pues no señores, existen, y atacan si pueden.

De todas formas estas bolas no son lo único que te puedes encontrar por la carretera. Algún día haré una recopilación de todos los animales muertos que hay en las cunetas, sin duda, los armadillos se llevan la palma, pero hoy hay que añadir dos a la lista que no esperaba, un águila y una vaca. Aquí se van a quedar sin fauna.

Eran casi las 7 de la tarde cuando hemos llegado a uno de los sitios más increíbles de este nuestro planeta, tampoco estoy muy viajado, pero esto es dificilmente igualable. No se puede definir con palabras, las fotos y los vídeos no le hacen para nada justicia, estar aquí, verlo de cerca y con esta luz... Monument Valley te deja simplemente "abraiado".

Además, este lujo de terraza desde la que estoy escribiendo esta entrada... La habitación es igual, todo su precio lo vale esta terraza. Habrá muchos hoteles de 5 estrellas en el mundo, pero sin duda, el lujo es esto.

Lo primero que nos ha sorprendido es el tamaño del valle. Teníamos la idea de las 4 o 5 formaciones rocosas que todo el mundo conoce de las fotos, pero eso no es más que la entrada. Entrar al parque es barato, 5$ por persona, y se puede hacer un recorrido con el propio vehículo, nada recomendable si le tienes un mínimo aprecio. Nosotros sabíamos que la carretera estaba sin asfaltar pero no sabíamos exactamente cómo era. Así que subimos las cosas a la habitación del hotel, disfrutamos un poco de las vistas de la habitación y cogimos la moto para hacer la ruta. A la entrada vimos unos puestos con guías nativos y decidimos dejar la moto y que nos llevaran a hacer el recorrido en un jeep. ¡No os imaginais que decisión tan acertada! Con la moto no subiésemos pasado ni los primeros 50 metros, ¡menudo destroza culos! Hasta el jeep tuvo problemas en alguna parte del recorrido. Así que, en serio, si venís algún día con vuestro coche o moto ni se os ocurra meterlo por allí.

Además, hacer la visita con un indio navajo, en nuestro caso una navaja, es mucho más completo, no solo por las explicaciones que pueda dar, si no también porque ellos pueden acceder a partes del valle que están prohibidas para los vehículos privados, entre otras cosas porque se quedarían allí para siempre. Gracias a esta navaja, hemos visto partes escondidas del valle muy interesantes, incluidas unas pinturas en una de las paredes de una de las formaciones, cuevas... El momento de disfrutar de una de estas últimas mientras un navajo tocaba la flauta ha sido casi mágico.

Todas las formaciones en Monument Valley tienen nombre, la mayoría obvios, porque es sorprendente que la mayoría de ellas recuerden claramente a algo, son muy claras la mano, el dragón, las tres hermanas, el elefante...

Para acabar el día hemos cenado en el restaurante del hotel. Estoy un poco cansado de carne pero no vi mucho más y me pedí un chuletón. Y, sí, los indios lo han conseguido, no sé si era de búfalo de las praderas o qué, pero ha superado a la carne texana. Y, ya de postre, peli de John Wayne rodada aquí proyectada en una de las fachadas del hotel.

Todo lo que pueda decir no se puede comparar con verlo, así que echarle un ojo a las fotos y los vídeos. Me gustaría colgar todo el material que tengo porque no sabía ni cual elegir, por supuesto a nuestra vuelta si a alguien le apetece ver algún vídeo a alguna foto más, lo hará.

Gran Cañón, mañana vamos a por ti, pero ya te puedes poner las pilas porque el listón no es que esté alto, está más allá de este universo.

Vídeos:


jueves, 30 de julio de 2009

Día 23, miércoles 29 de julio: en el oeste más profundo y maravillas naturales


Las White Sands


Silver
City, 23:05 h. 5.780 millas recorridas (9.302 km)

Estamos impresionados por el entorno que nos rodea, desde primera hora de la mañana hasta esta noche no ha dejado de sorprendernos. ¿Qué pasará en los dos próximos días en el Colorado?

Salimos de Roswell, dejando atrás a los ETs para dirigirnos a Ruidoso y su vecino Ruidoso Downs (o Ruidoso de abaixo). Queríamos echar un vistazo al Casino - Hipódromo que han montado allí, hacer una visita al museo Hubbard del Oeste Americano y acabar en Alto, otro pueblo cercano con un rancho preparado para los turistas con "performance" de vaqueros pegándose de tiros y buena comida.

El casino solo lo pudimos ver desde fuera y a las 11 de la mañana tampoco había carrera de caballos. Llama la atención encontrar un hipódromo así en un pueblo tan pequeño. Lo del casino no llama tanto, porque por esta zona hay varios, muchos propiedad de indios Apache, que no iban a ser menos que los Cherokee del este.

El museo es pequeño pero tienen una buena colección de carruajes y diligencias y, sobre todo, de armas: revólveres, escopetas, cuchillos... Casi todos de los años 1800. Y referencias a Billy el Niño, que es de esta zona. Entre el montón de objetos tanto de indios como de vaqueros que tienen me llamó la atención un ajedrez grande con figuras indias. A parte de todo esto, hay una sección dedicada a los niños para que puedan vestirse con ropas adecuadas y sacarse alguna foto subidos a un carruaje o a un caballo. Como no había niños, decidimos darle un poco a aquella sección para que nos estuviese tan parada. Por cierto, no deja de sorprenderme la naturalidad con la que andan los ciervos por estas localidades, están por las calles, como si fueran un simple gato, y desde luego es algo común porque nadie le da mayor importancia, excepto nosotros.

Respecto al rancho, poco pudimos hacer, solo abre por las tardes y nosotros no queríamos atrasarnos mucho, así que después de comer algo recorrimos los ciento y pico km que separan Ruidoso del White Sands National Monument, una de las maravillas de Nuevo México en particular, y de los USA en general.

Las White Sands es un parque nacional enorme de dunas blancas. Por las condiciones climáticas y minerales de la región se forma este fenómeno único, una arena blanca como la nieve que deslumbra. Con los vehículos particulares puedes adentrarte unas 8 millas (13km) en el parque. De distintos puntos salen rutas a pie con diferentes dificultades y duraciones. Nosotros nos limitamos a recorrer la pista de vehículos y a pararnos el alguna parte interesante. El calor que hacía no animaba mucho a andar de paseo y cuando además vimos la tormenta que se nos venía encima, lo descartamos totalmente. La tormenta llegó, con un viento que levantaba toda la arena. Aunque no se aprecie muy bien en el vídeo de muestra, se veía muy poco. En cuanto la lluvia y los relámpagos se nos pusieron encima tuvimos que escapar a la carrera. Hubiesemos podido disfrutar un poco más de esta maravilla natural si el tiempo nos hubiese dejado.

Cogimos camino hasta nuestro último destino de hoy, Silver City aún en Nuevo México, pero ya encaminándonos hacia Arizona. En este tramo hemos disfrutado del mejor paiseje hasta el momento, si os fiajais en la foto parece que el fondo esté pintado.

Llegamos a las 8 a Silver City. Por aquí andaba Billy el Niño de pequeño, hay varios locales que se conservan de la época. Por lo demás, es un pueblo típico de la zona pero tampoco tiene nada que llame mucho la atención después de lo que hemos visto.

Mañana a madrugar y a seguir disfrutando de la naturaleza. La región del Colorado nos espera.

Vídeos:


Álbum del día (hay 2 páginas)

miércoles, 29 de julio de 2009

Día 22, martes 28 de julio: Expediente X. Ironbutts 0 - Hombrecillos verdes 1

Estuvimos buscando, pero ni rastro de hombrecillos verdes

Roswell, Nuevo México. 22:35 h. 5.430 millas recorridas (8.738 km)

Hoy hemos tenido una mañana dura con la que espero que sea la última paliza en la carretera. Han tocado más de 400 millas y encima con dificultades que nos han retrasado.

La idea era salir de Juction a las 7 de la mañana para hacer las casi 6 horas de viaje hasta Roswell (Nuevo México, 45.000 habitantes) con menos calor y conseguir llegar a tiempo para visitar el Museo UFO Internacional. Roswell, para el que no lo sepa, es famoso por un incidente con un supuesto OVNI que allí se estrelló en el año 1947: aquí tenéis información.

Salimos una hora tarde porque no había forma de levantarse. Ayer nos acostamos tarde y esta mañana lo notamos. Mi intención era nada más arrancar, revisar la presión de los neumáticos, ya que llevaba casi 2 semanas sin hacerlo y ayer por la noche había notado que larueda de delante estaba un poco baja. La vez anterior que había mirado la presión acabé encantado: enchufabas el aparatejo, metías digitalmente la cifra con los psi y automáticamente la máquina te avisaba cuando estaba todo ok. Pensé que era así en todos los USA, pero... error. En Texas no hubo forma de mirar el aire, todas las gasolineras en las que paramos, y fueron unas cuantas, tenían el mismo sistema, con una manguera rígida que resultaba imposible enchufar al pitorrito de la rueda de la moto. Lo intenté por arriba, por abajo, por los lados y hasta probé a cogerle desprevenido, pero nada. La ruta de las gasolineras nos retrasó mucho en el tramo que nos tocaba de interestatal. Al final, ya en Nuevo México, justo antes de coger la carretera hacia Roswell, encontramos un taller de neumáticos y allí nos ajustaron la presión con instrumentos adecuados.

El paisaje durante el tramo del oeste de Texas fue impresionante, pero qué decir del tramo que iniciamos por la carretera que desde la interestatal y por más de 200 millas nos traería hasta Roswell... Tierra, arbusto, nada, tierra, arbusto, tierra, nada, nada, arbusto, tierra... Y así todo el rato. ¿Cuántas películas habrán rodado por estos parajes?. Increíble la sensación durante tanto tiempo de no encontrar, salvo coches con los que nos cruzábamos cada 10 minutos, ni rastro de presencia humana en todo aquel terreno.

Gracias a que ganamos una hora al día, ahora estamos con 8 de diferencia respecto a España, llegamos a tiempo a Roswell. Fuimos directamente al museo, al que ellos han bautizado como internacional, pero que no deja de ser algo cutre que han montado en el pueblo. Pero esa cutrez es necesaria, porque todo esto es muy friki, y algo bien montado no tendría sentido entre tanta tienda de recuerdos raros. Por cierto, que la tecnología aquí tarda en llegar, porque cogimos la audioguía para el museo y nos dieron... un walkman. Años hace que no tenía uno en mis manos.

El museo está montado en un bajo con aires de expo de colegio. De todas formas hay material interesante, alguno recientemente desclasificado. Muchas declaraciones de testigos, de familiares de militares y muestras de contradicciones de la versión oficial. No me cabe duda, tras la visita, que aquí se estrelló un ovni con extraterrestres, y que la falta de pruebas irrefutables, aunque las que hay son bastante convincentes, no es más que un "compló", y este gobierno americano que se niega a dar a conocer al mundo la verdad de todo esto. ¡Queremos saber! ¡La verdad está ahí fuera!

Como a mi estos temas me apasionan, dedicamos un rato a investigar y de paso buscar alguna pista que se les pudiese haber escapado hace 50 años. Pero nada, ni rastro de los hombrecillos verdes, salvo en los escaparates de las tiendas de recuerdos, las cafeterías, los restaurantes, los supermercados, las peluquerías o las mismísimas farolas de la calle principal que estaban decoradas con ojos sospechosos.

Este pueblo se ha hecho buen merecedor de un día de nuestro viaje por su originalidad.

Vídeos:


Día 21, lunes 27 de julio: los “ironbutt” totalmente integrados en Texas, consolidan su matrimonio con un certificado texano

Nuestro certificado de matrimonio texano

Hemos estado sin conexión a Internet, con lo que está entrada se publica con retraso aunque ha sido escrita hace ya unas horas.

Juction, Texas, 23:47 h. 5.010 millas recorridas (8.062 km)

Sin duda, hoy ha sido de nuestros mejores días. Ha sido una jornada muy completa, con el tiempo bien aprovechado y con buenas sorpresas.

Arrancamos a primera hora de la mañana hacia otra de las grandes ciudades texanas, San Antonio. Es una ciudad muy diferente a Dallas o Houston. Nada más entrar te das cuenta de que falta algo que destaca en las otras, el skyline. Sin embargo, San Antonio ofrece muchas otras cosas. Para empezar es una ciudad de edificios bajos con una estética que no te hace dudar de que realmente te encuentras en Texas, algo que sí pasaba con las otras ciudades mucho más modernas. Además, ésta es una ciudad con historia, historia de hace menos de 200 años mucha de ella, pero para los USA, eso ya es mucha historia. Está claro que en este país hay que cambiar el chip, porque hacer visitas que tratan sobre acontecimientos históricos y que haya declaraciones de los protagonistas o de testigos, es algo a lo que nosotros no estamos muy acostumbrados.

El protagonista principal de San Antonio es El Álamo. La historia principal de esta misión es la del año 1836 en la que soldados texanos sobrevivieron al asedio del ejército mexicano durante 13 días. Acabaron derrotados y muertos, pero esta resistencia espoleó al resto de texanos a conseguir la victoria final y alcanzar la independecia. La calle y plaza en la que se encuentra el Álamo es muy curiosa, ya que hay un contraste cultural muy grande, por una parte el de la misión y la arquitectura que rodea la plaza, y por otra, todos los negocios turísticos que se han montado en esta calle, sobre todo restaurantes y museos: de cera, de los récords Guinness (con especial relevancia al del perro con más pelotas de tenis en la boca), de cosas sorprendentes… Además pequeñas atracciones en 3D o salas de videojuegos.

Visitamos el Álamo y al acabar fuimos al Riverwalk, un paseo al lado del río, como su nombre indica. Fue lo que más nos sorprendió, ya que no nos esperábamos que fuese un lugar tan bonito. Cogimos un pequeño barco que hacía un recorrido de 40 minutos por diferentes canales. Allí hay restaurantes, jardines y un centro comercial impresionante.

Como acabamos antes de lo esperado, hicimos una visita al juez de San Antonio para que certificase nuestro matrimonio y le diese validez texana. Para celebrarlo nos gastamos 40$ muy tontos en la atracción Tomb Rider 3D.

Sin duda, San Antonio es un buen sitio para visitar unos días. Museos, restaurantes, atracciones, acuarios, parques temáticos, paseos en barco… y un ambiente muy texano. Además, a pesar de los problemas que habrá con el agua con este clima, he llegado a contar 21 campos de golf en los alrededores de la ciudad.

Para acabar nos hicimos nuestro propio tour turístico, al más puro estilo “trenecito las narices” pero en moto, por los restos de las más importantes misiones de la ciudad aparte del Álamo: Concepción, San José, San Juan y Espada.

A las 7 salimos de la ciudad en dirección a un pequeño pueblo recomendado por la Lonely Planet, Bandera. Está a poco más de una hora de San Antonio y es el pueblo más auténtico que hemos visto en todo el viaje. Parece que el tiempo no ha pasado por allí en los últimos 100 años. Lo único que desentonan son los coches. Además hemos tenido la suerte de disfrutar de la mejor carretera en lo que va de viaje. Divertida, bien asfaltada, sin tráfico, con un entorno único, una puesta de sol y música rock en nuestra radio de la moto. Sin duda, ha sido nuestro tramo más “easy rider”.

Como casi eran las 9, y lo único que habíamos metido “pal” cuerpo después del desayuno habían sido líquidos y un helado, decidimos comer en un restaurante que estaba en el cruce de la calle principal de Bandera, el Old Spanish trail. Fuimos allí de casualidad y nos enteramos de que es el restaurante más antiguo de los que quedan abiertos en el pueblo, desde 1921. En el comedor tienen una sala especial dedicada a John Wayne, sala que en su momento fue un establo. Además, tal y como anunciaban en su carta, el Old Spanish trail ha sido declarado por varias guías y revistas como el sitio de mejor comida casera de Texas. Lo comprobamos y, sin duda, para mi ha sido la mejor comida de estas semanas. Además, tener la compañía de un montón de paisanos texanos con gorras blancas más negras que mi mano y camisetas con agujeros, no tiene precio.

Después de la cena, viaje de noche a Juction de hora y media hasta este Days Inn, que anunciaba wifi pero que no decía que no funcionaba. Así que esta entrada sobre uno de nuestros mejores días llega con retraso.

Vídeos:

Contraste en el Álamo

El Álamo

En barco por el río San Antonio

Las petardas también llegan a Bandera

Calle principal de Bandera


Álbum del día

lunes, 27 de julio de 2009

Día 20, domingo 26 de julio: NASA, are you kidding me? (¿"tás" de coña?)


Señores del Space Center de Houston, ¿realmente se piensan que me voy a tragar que esto es un casco de astronauta y no el orinal de su cuarto de baño?

Houston, Texas. 23:40 h. 4.610 millas recorridas (7.420 km)

Tampoco voy a decir que haya sido una decepción que no vayamos a superar nunca, pero sí que nos ha chafado un poco nuestra visita de hoy al Centro espacial Lyndon B. Johson de la NASA. Quizás nos esperábamos demasiado, sobre todo después de visitar el Smithsonian del Aire y el Espacio de Washington. Pero empecemos por el principio...

Hoy hemos intentado madrugar un poco más con la intención de librarnos en la carretera de las horas de mayor calor y, de paso, aprovechar un poco más el día. A las 9 ya estábamos en la interestatal y a la 1 llegábamos a Houston, con el tiempo justo para hablar un poco con la familia, darse una ducha de agua fría para superar los 39ºC de hoy y arrancar pitando a la NASA.

La visita realmente es al Space Center, desde allí te llevan en el típico bus abierto al Centro Johson. Las entradas costaron unos 25$ con audioguía incluida. Para aquellos que puedan estar interesados, que sepáis que reservando con antelación existe la posibilidad de concertar una visita especial por unos 90$, pero creo que no es posible el fin de semana. Habría que saber si ese desembolso merecería la pena, porque...

La primera decepción ya fue nada más entrar. Por lo que nos habíamos estado informando, sabíamos que además de visitar el centro de la NASA, en el Space Center podíamos ver exposiciones y experimentar cosas que solo experimentan los astronautas gracias a diferentes simuladores y demás. Al entrar lo que te encuentras es con una especie de sala de juegos recreativos infantiles, incluida una tirolina de Indiana Jones. ¿Indiana Jones en la NASA?. Sí, señoras y señores, han leído bien, Indiana Jones en la NASA. Sobre el resto, creo que podemos encontrar juegos muy parecidos en salas de España, como simuladores de vuelo o la típica máquina de experiencia virtual en la que te ponen un vídeo y se te mueven los asientos. Por cierto, que las únicas que podían no parecer una actividad infantil suponían 4$ a mayores por cabeza y por actividad. En resumen, que no pagamos más por algo que podríamos hacer en las fiestas de cualquier pueblo de Galicia de este verano y tampoco entramos en la gigante piscina de bolas de colores. Fascinante!!

Descartada la posibilidad de vivir experiencias inolvidables nos centramos en lo realmente importante, ver lo que habíamos ido a ver, las exposiciones y la NASA.

En cuanto a las exposiciones... no es que estén mal, con la audioguía resultan bastante ilustrativas, pero son muy pequeñas, mínimas, acabamos de verlo todo en menos de 1 hora. Nosotros pensábamos que el Smithsonian de Washington era el entrante para abrir boca de cara al plato fuerte de la NASA, pero ha sido justamente al revés, esta visita no se puede comparar con el museo de la capital americana ni en cantidad de contenidos ni el interés de los mismos. De hecho, las cosas mínimamente interesantes en este centro están donadas por el Smithsonian.

Total, que dijimos, "tranquilos todos, que con la visita a las instalaciones del Centro lo vamos a flipar". Nos dirigimos hacia la salida para tomar el vehículo que nos llevaría hasta allí, en ese momento, descubrimos que había 2 tours, ambos tenían en común una visita a la nave en la que se encuentra el famoso cohete Saturn V, y luego había que decidir: o centro de entrenamiento de astronautas o centro de control de la NASA. "Perfecto", eran las dos cosas principales que queríamos ver y solo podíamos ir a una, porque no había tiempo antes de que cerrasen las instalaciones para ver las dos. Decidimos finalmente ir al tour que incluía las instalaciones de entrenamiento, aunque creo que Lucía prefería el centro de control. Nunca sabremos si fue la decisión correcta, creo que hubiese dado igual. Después de una hora enterita de espera, conseguimos subirnos al "trenecito las narices" (como he tenido el gusto de bautizarlo). Después de un paseo de un par de minutos por las carreteras del Centro, viendo edificios que eran de la NASA, pero que bien podían ser de IBM o de Patatas Maruja, porque no había absolutamente nada significativo en ellos, nos llevaron al edificio de entrenamiento de astronautas. Esta visita duró no más de 5 minutos. Entramos por una de las esquinas y salimos por la otra, el tiempo que tardamos en recorrer el pasillo de cristal que cruzaba el edificio a lo largo fue lo que duró la visita. Casi ninguna explicación de lo que estábamos viendo.

Al salir, nos subieron al "trenecito las narices" para abandonarnos a nuestra suerte en la nave en la que guardan un cohete Saturn V, separado en cada una de sus 3 fases. Allí directamente ningún tipo de explicación, te bajabas, lo veías en el tiempo que estimases oportuno y te ibas a la parada para coger el primer "trenecito las narices" que pasase. Realmente fue lo mejor de la visita, porque impresiona más que nada por su tamaño.

Cuando llegamos de nuevo al Space Center eran las 18:50, a tan solo 10 minutos del cierre. Pensamos en probar alguna de las atracciones infantiles para por lo menos echarnos unas risas pero... "Sorry sir, is closed". Pero eso sí, la tienda de regalos cerró a las 19:00 clavadas, no 10 minutos antes.

Señores del Space Center de Houston y/o de la NASA: ¿cómo es posible que lo mejor que he sacado de la visita a sus instalaciones sea el vaso con forma de extraterrestre verde que me dieron con la coca-cola?

En fin. Que tras esto y dado que eran las 7 de la tarde, decidimos dar una vuelta por la ciudad. Antes fuimos hasta un parque en la bahía, era un sitio tranquilo a pesar de los carteles de advertencia de que tuvieses cuidado con las serpientes y los caimanes. Estuvimos un poco, tomamos aire fresco, sacamos un par de fotos, y nos dirigimos al Downtown de Houston. Para no quedarse atrás en comparación con la mayoría de ciudades que hemos visitado, la bienvenida que te da la ciudad con esa silueta de edificios es impresionante. Houston tiene unos cuantos buenos rascacielos y algún que otro edificio bastante original.

Para acabar, encontramos el restaurante Olive Field. Tenía aire mediterráneo y probamos suerte. Al fin pudimos comer pescado. Y volvernos con tiempo para escribir estas letras.

Houston, ahora sí que tenemos un problema, en concreto con su centro de visitantes.

Vídeos:


domingo, 26 de julio de 2009

Día 19, sábado 25 de julio: los "ironbutt" llegan al salvaje oeste en medio de un calor infernal


A la espera del becerro


Fort Worth, Texas. 00:20 h. 4.190 millas recorridas (6.743 km)

Sí, sé que así leído el título deja un poco extrañado pero todo tiene su porqué. Vayamos por orden...

Dejamos Oklahoma City a las 10 de la mañana. 3 horas después entrábamos en Texas y llegábamos a Dallas. Allí nos dieron una calurosa bienvenida, en concreto 105ºF (41ºC) de bienvenida. Jamás en mi vida he pasado tanto calor. En Italia, el verano pasado, hubo momentos horribles, pero nunca como el día de hoy. Es la primera vez que me pasa que es peor el calor encima de la moto que en plena calle al sol. En la calle hacía mucho calor, se notaba que estábamos a 41º, pero no tengo forma de calcular la temperatura encima de la moto por la autopista, pero comparando sensaciones, creo que más cerca de 50º que de 40º. Esta moto desprende muchísimo calor pero, aparte de esto, era como si del asfalto subiera un aire caliente tremendo, las manos me quemaban por el aire que venía de frente. Después de la experiencia de hoy, hemos determinado que queda prohibido ir en la moto durante largas distancias entre las 12 de la mañana y las 7 de la tarde, mientras no pase esta ola de calor, que por cierto, está siendo noticia en los informativos, así que muy normal tampoco será.

Como decía, a la 1 llegamos a Dallas. Es una ciudad grande, de casi millón y medio de habitantes, y eso se notó en el tráfico de entrada. Teníamos dos objetivos muy claros: la Reunion Tower y el 6th Floor Museum.

Nuestra primera parada fue en la Reunion Tower. No es el edificio más alto de la ciudad, pero casi, y todas las guías coincidían en que tenía las mejores vistas. Pero poco nos duró la alegría que el aire acondicionado nos había proporcionado nada más entrar, ya que la torre estaba cerrada al público. Debía de haber algún tipo de convención o de acto multitudinario, porque aquello estaba de bote en bote, pero no había forma de coger el ascensor hasta arriba. Así que nos tuvimos que conformar con comer una bandeja de trozos de fruta de la cafetería (como nos prestó!) y seguimos con la ruta.

La moto la habíamos dejado casi al lado de la puerta. "With this, you can park anywhere" (con esto, puedes aparcar en cualquier sitio). Fue lo que nos dijo un tío de bigote hasta la barbilla y grandes gafas de sol. Se nos acercó y tuvimos otra de esas conversaciones animadas con americanos divertidos. Nos contó que era de Nashville y que le gustaban mucho las motos. Cuando le contamos lo del viaje se quedó sorpendido y nos bautizó como unos auténticos "Ironbutt" o "Culo de hierro". De hecho nos comentó que había una asociación con ese nombre que condecoraba a aquellos que se atrevían con un viaje de costa a costa, nos aseguró que si contactábamos con ellos, podríamos ser nombrados oficialmente como "Ironbutt". Todo un auténtico privilegio sin duda.

Muy cerca de la Reunion Tower está el 6th Floor Museum que está centrado en el asesinato de JFK. El museo lo han montado en el 6º piso de lo que en su momento era el Depósito de Libros del Colegio de Texas. Desde ese 6º piso, siempre según la versión oficial, Oswald asesinó al que en ese momento había sido el presidente electo más joven de los USA. El museo se recorre rápido, con lo que no se hace pesado. Está bien montado, es ágil, y te dan una audioguía para que sigas la exposición con lo que tampoco tienes que leer nada. Hay declaraciones del policía que iba en moto justo a su lado cuando lo asesinaron, se puede ver la ventana desde la que Oswal disparó, por supuesto las vistas a la calle Elm por la que viajaba la caravana (viendo a la vez las fotos del día en cuestión y asomándote a la ventana al tiempo, parece que lo estás viviendo en directo). Lamentablemente es otro de esos museos de "No video, no photo". Con lo que solo os podemos enseñar el edificio por fuera. A parte de la recreación del asesinato y de ponerte en antecedentes con la vida de Kennedy, también tratan todas las controversias y cuestionamientos sobre la versión oficial de la Comisión Warren, hablando de esa gran cantidad de personas que piensan que siempre hubo algo más en el fondo de este asesinato. ¿Conspiración?. ¡Quién sabe!

Con el 50% de nuestros objetivos cumplidos, un aprobado por tanto, volvimos a la moto para hacer unos 50km hasta Fort Worth (700.000 habitantes). Los 50 km más largos de mi vida con ese calor del infierno. Llegamos al Motel deshidratados.

Tras descansar un poco, una ducha de agua fría y beber algo, nos dirigimos a las Stockyards de Fort Worth. El concepto es el mismo que las de ayer de Oklahoma City, pero sin punto de comparación entre una y otra. Éstas se viven con un ambiente muy especial, son muchas más calles, con muchos más negocios y unos buenos rodeos. Es muy curioso ver a la gente por la calle con sus sombreros de cowboy y sus botas de espuelas y saber que no van disfrazados. Los adolescentes han cambiado los sombreros por gorras y a las botas les han quitado las espuelas, pero tanto chicos como chicas visten en su mayoría con vaqueros y camisas de cuadros.

Tras probarnos unos sombreros, que iban desde los 30 a los 120 $, y dejarlos en su sitio porque no podemos comprar absolutamente nada porque no tenemos donde meterlo, nos dirigimos al Coliseo a ver un rodeo de profesionales: montas de toros, de caballos, lazos, carreras a caballo contrareloj, himno cantado por chica del country apoyada por "bellezas" (ejem, ver el vídeo) de la localidad... Todo lo que cabía esperar por el módico precio de 20$ por cabeza (entrada VIP según ellos, es que nosotros estamos aquí a todo trapo), el resto de entradas a 15$.

El rodeo ha estado muy divertido. Además nos lo ha animado el vecino de asiento. Un cowboy de la localidad que se veía que era un habitual por el número de empleados al que saludaba y que gentilmente ayudó a sentar a Lucía apartándole la silla, dejándome a mi como un auténtico maleducado y que recriminó a un "guiri" que no se hubiera quitado el sombrero durante el himno americano tal y como él había hecho llevándoselo al pecho.

A la salida un poco más de carne, a sumar a la de anoche, en Riscky's. Aún no habíamos comido nada contundente en todo el día, y puedo confirmar que la carne en esta zona es muy buena. Por cierto, que debe de ser la misma que le dan de comer a los saltamontes, que aquí son del tamaño de un gato adulto. Hace un rato, de camino a la moto para volver al Motel, pasaron 3 o 4 y pensé que nos iban a devorar. Si llegan a estaraquí los chinos se hacen unas brochetas que se chupan los dedos.

Mañana a madrugar para hacer una de las visitas que más ilusión me hace y que más tiempo llevo esperando.

Yeeeeeeehaaaaaaawwww!!!

Vídeos:


sábado, 25 de julio de 2009

Día 18, viernes 24 de julio: "caloraso" por la Ruta 66


El tótem más alto del mundo (unos 8 metros)

Oklahoma
City, Oklahoma. 00:35 h. 3.970 millas recorridas (6.390 km)

Hoy ha sido un día, de nuevo, de bastante moto, pero siempre disfrutando de ella por la mítica Ruta 66. A partir de mañana nos apartamos de ella (por el momento) y entraremos en Texas.

Lo primero ha sido hacernos una foto con un nuevo gigante de carretera, esta vez era un indio. Y para seguir con la dinámica y tras recorrer 200 y pico km desde nuestro motel en Lebanon (Missouri), hemos llegado al Totem Pole Park en Foyil (Oklahoma). Es un tranquilo parque en un entorno casi virgen antes de llegar al pueblo. Entre los tótem, todos ellos construídos entre 1900 y 1948, destaca uno sobre los demás. Es el tótem más alto del mundo.

Tras pasar allí un rato, refugiándonos del calor en las sombras del merendero, cogimos la moto en dirección a Catoosa. Allí hay uno de los elementos más visitados y fotografiados de la Ruta 66. Se trata de la ballena Blue Whale. No es más que otra figura gigante con toboganes en una pequeña laguna en la que los niños, antes de 1988 año en que se cerró, chapuceaban los día de calor. A muchos les parecerá ridículo darle tanta importancia a un tobogán oxidado en medio de una laguna sucia, pero ese abandono tras los años de gloria pasados es en sí mismo lo que representa la Ruta 66 hoy en día. Una asociación de nostálgicos quieren mantenerla viva, de la gente depende que esta carretera, la Mother road (carretera madre) de Estados Unidos, no acabe de morir del todo.

Esto fue antes de llegar a Tulsa. Los seguidores de la serie de tv Friends, se acordarán de esta ciudad. ¿Chandler, qué leches ibas a hacer a Tulsa? La ciudad de las Prayer Hands (una escultura de dos manos orantes) y de un río seco. Ya más en serio, no sé si Tulsa tendrá algo más, porque solo pasamos por allí.

Lo curioso es que un poco más adelante, a medio camino entre Tulsa y Oklahoma City por la Ruta 66, entramos en un pueblo llamado Chandler. ¿Coincidencia?. No creo, amigos. Allí fue dónde hemos conseguido ver un termómetro. Sólo 101º F, o lo que es lo mismo, 38º de los nuestros. Ha sido un calor sofocante todo el día, hasta las 7 de la tarde cuando se ha empezado a poner el sol. Ir en moto en estos casos se agradece porque siempre hay una brisa que alivia algo, pero lo peor de hoy ha sido el aire caliente que hemos sufrido en muchos momentos, era como estar dentro de un secador de pelo. En Chandler vimos un Wash Car y decidimos lavar la moto, que practicamente no se veía de la capa de mosquitos que tenía encima. Al salir de allí podéis imaginaros lo que ha tardado en secarse, circulando por el secador de pelo en modo turbo. Además para que secase mejor y Lucía me grabase de una vez por todas encima de la moto, he hecho un par de pasadas. Como ha sido la primera vez que grabamos unas, no están muy allá. Prometo colgar otras por carreteras más desérticas.

Después de unas cuantas millas más hemos llegado a Oklahoma City para hacer noche. Para cenar algo hemos ido hasta Stockyards City, en las afueras de la ciudad. Son unas cuantas calles ambientadas al estilo del viejo oeste, con restaurantes, tiendas y algún espectáculo de vez en cuando. Hoy no tocaba espectáculo, y las calles estaban casi desiertas, con bolas de espinos rodando por medio de la carretera. Se ve que en esta ciudad no hay mucho ambiente los viernes. Hemos cenado en Cattlemen's Steak House. La carne de los vaqueros no era muy grande pero estaba buenísima y aun precio muy ajustado. Es recomendable.

Ya por ultimo, os comento, que antes de bajar a las Stockyards hemos hecho un repaso de ruta para las dos últimas semanas de viaje que nos quedan. Lamentablemente, y como era de esperar, es totalmente imposible subir al norte, no hay tiempo. Por mucho que nos fastidie tenemos que dejar sin visitar cosas tan importantes como el Monte Rushmore, Yellowstone, la Devil's Tower o las Black Hills. Es muy triste, pero es inabarcable tanto en un mes. Para visitar todo lo que nos hubiese gustado, subiésemos necesitado 3 meses. Así que intentaremos disfrutar al máximo de los estados de Texas, Nuevo México, Arizona, Nevada y California en el tiempo que nos queda. Y aquí también hay muchísimo que ver.

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Pasadas:


viernes, 24 de julio de 2009

Día 17, jueves 23 de julio: Ruta 66 por Illinois y Missouri


Gateway Arch, Saint Louis, Missouri

Lebanon, Missouri. 23:20 h. 3.480 millas recorridas (5.600 km)

Esta mañana lo primero que hemos hecho ha sido dar una vuelta por Springfield, que quedaba pendiente de ayer. En Springfield todo "huele" a Lincoln. Bueno, no solo allí, en todo el estado de Illinois se enorgullecen del que denominan "su presidente". Incluso, te lo anuncian claramente en las matrículas de los coches.

Una de las atracciones principales es un barrio de cuatro manzanas en el que conservan, después de la correspondiente rehabilitación, la casa en la que vivieron los Lincoln. El barrio está muy bien ambientado, con personas vestidas de época deambulando por allí. Es un buen sitio para dar un paseo. Justo después, a no mucha distancia, nos hemos acercado al cementerio de la ciudad para ver la tumba del histórico presidente. Se trata de un gran monumento, con monolito incluido. Fotos y vídeos solo por fuera. Por dentro, figuras de bronce de Lincoln, banderas, frases célebres y los huesos del señor (que se supone que están aunque no los veas).

Antes justo de abandonar la ciudad, ya metidos en la Ruta 66, hemos hecho parada en uno de sus museos históricos. En realidad se trata de una ex-gasolinera de la mítica carretera, que han llenado de recuerdos de todo tipo relacionados con la ruta: fotos, postales, matrículas, carteles, neones y todo tipo de merchandising con muchos años de solera. El dueño (un señor de muchos muchos años, creo que dijo muy cerca de los 90) y su hijo, nos recibieron en la entrada. El hijo nos hizo el "tour" por las instalaciones contándonos la historia de los recuerdos más importantes. Allí dentro hacía un calor de narices, entre otras cosas porque no tenía ni un agujero por donde poder entrar el aire, es como si hubiesen intentado batir el record guinness de meter trastos en un cuarto de 10m2. ¿Síndrome de Diógenes? Pero, los hombres recordaban todo con tanto cariño que nos resultaron conmovedores. Realmente se trataba de muy buena gente. Lo mejor de la visita fueron las conversaciones que tuvimos con ellos: sobre la Ruta 66 (para el padre lo había sido todo), sobre lo poco que le gustaba al señor hablar sobre la 2ªGM, en la que participó, y eso que el hijo le insistía, sobre la crisis (los pobres hombres parece que no lo están pasando muy bien)... Pasamos allí más tiempo del que pensábamos, pero mereció mucho la pena, porque hablar aquel rato con aquella gente ha servido de mucho más para entender lo que suponía la Ruta 66, que hacer cientos y cientos de millas.

Siguiendo por la Ruta, paramos a hacernos una foto en... ¿adivináis dónde?, ¡exacto!, en otra gasolinera (tratándose de una carretera la cosa cae de cajón), en Mount Olive. No me canso de admirar esos surtidores.

Con Saint Louis, ya en Missouri, hemos tenido la suerte de disfrutar de otra gran entrada en una ciudad. Parece que estos americanos diseñaron las ciudades para impresionar a los viajes que entraban en ellas desde sus carreteras. En este caso, el elemento principal es el Gateway Arch. Es un arco enorme de 192 metros, terminado en 1965, que simboliza el papel de la ciudad como puerta del oeste de los USA. Las vistas desde arriba deben de ser impresionantes, nosotros no subimos, aunque contemplarlo desde abajo también quitaba el hipo.

Para comer nos acercamos hasta The Hill, un barrio mítico de la ciudad lleno de restaurantes italianos. Las especialidades del barrio son los raviolis fritos a modo de entrante y las pizzas de masa fina con base de queso y no de tomate. Probamos ambos en Milo's Tavern, uno de los destacados en las guías. Bueno, bonito, barato.

Para bajar la comida seguimos de visita por la zona. Estábamos pendientes de ver el bote de kétchup más grande del mundo, en plena Ruta 66 en Collinsville, ¡qué frikis!. Lamentablemente volví a caer en la tentación de jugar con la perspectiva a la hora de hacer la foto.

Antes de coger la interestatal para avanzar unas cuantas millas en nuestro camino, nos acercamos hasta las Cahokia Mounds y el Old chain rock bridge. Las Cahokia Mounds son unos restos de un asentamiento del 1.200 ac, que están declarados Patrimonio de la Humanidad. No hay mucho que ver, todo que imaginar, y lo que sí hay son unas buenas vistas de St. Louis. El puente, cerrado desde hace varios años al tráfico, es el original de la Ruta 66 que cruzaba el canal del mismo nombre. Lo hemos tenido que ver de lejos, porque lo tienen cerrado a cal y canto.

Y ya sin más, y con tormenta de rayos y truenos sobre nuestras cabezas nos hemos hecho 2 horas y media de moto por la interestatal para acercarnos un poco más a Texas. Hemos parado en Lebanon, un pueblo de 14.000 habitantes de Missouri para dormir y escribir esta entrada. Buenas noches para nosotros, buenos días para vosotros.

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jueves, 23 de julio de 2009

Día 16. Miércoles 22 de julio: Ruta 66 por Illinois


El gran mural de Pontiac (IL)

Springfield
, Illinois. 1:30 h. 3.210 millas recorridas (5.166 km)

Nuestra intención era la de haber dedicado la mañana a hacer un par de visitas más en Chicago, alguno de sus museos y un paseo en barco por el río y el lago, pero después de pensarlo un rato hemos decidido continuar con nuestro camino. La verdad es que las pocas horas que hemos pasado en Chicago han estado muy bien aprovechadas. Y poco más habríamos podido hacer en menos tiempo. Por otra parte, los días pasan y aún queda mucho por delante. Así que hemos decidido empezar con la Ruta 66.

La Ruta comienza en plena ciudad, en concreto en el cruce de las calles Michigan y Adams. Allí hay un pequeño cartel que indica el comienzo de la Historic Route 66. La primera de las paradas está también dentro de la ciudad. Se trata de Lou Michell's, una cafetería especializada en desayunos y que suele estar abarrotada. Hoy, como ya era tarde, hemos conseguido una mesa y hemos hecho un buen desayuno. Eso sí, hoy nos hemos ahorrado la comida. E, incluso la cena, que ha consistido en una chocolatina. Ayer fue un día de mucha comida y hoy nos ha venido bien darle un descanso a nuestro estómago. Como ya he comentado otras veces no es que estemos comiendo grandes cantidades, pero por poco que se coma todo tiene bastantes calorías, sin contar que se trata de comidas fuertes ya que aquí casi todo tiene picante.

Ya en carretera hemos saludado, como manda la tradición, a Gemini Giant. Se trata de un figura gigante de una cafetería de la ruta. Estas figuras son típicas de la Ruta 66 y las usaban principalmente ciertos negocios para captar la atención de los viajeros. Aquí se lleva mucho eso de hacer reproducciones gigantes de las cosas, aún no hemos visto ninguna, pero hay bates gigantes, sillas gigantes o botes de ketchup gigantes (éste sí es posible que lo veamos mañana).

Hoy casi no hemos usado el GPS. Ha sido una sorpresa pero la ruta está perfectamente señalizada, con una indicación en cada giro. Lo único que he echado en falta han sido indicaciones sobre las distancias a las diferentes poblaciones, pero por lo demás, perfecto.

Otra de nuestras paradas ha sido en Pontiac, un pequeño pueblo que ha montado un modesto museo sobre la ruta en una antigua estación de bomberos. Aquí nos hemos dado cuenta de lo importante que es todo esto para los habitantes de estos pequeños pueblos. Las casas, los negocios y hasta sus conversaciones, todo respira Route 66. Y han sido muy amables con nosotros.

Atlanta es también otro pequeño pueblo, aún más que Pontiac. Tiene una calle principal peculiar, con un aire retro tremendo. Y otro gigante, éste con un perrito caliente en la mano.

En general, hemos disfrutado de una muy buena carretera. En muchos momentos transcurre paralela a la interestatal, pero no nos daban ninguna envidia, nosotros teníamos una carretera para nosotros solos, bien asfaltada y rodeada de campos y campos de maíz por todas partes. Creo que el contraste entre esta parte de la ruta y las próximas va a ser impactante.

A última hora de la tarde hemos llegado a Springfield y hemos decidio pasar aquí la noche. No sabemos sí esta ciudad es el ejemplo que siguieron los creadores de los Simpson para la serie, pero nos hizo gracia que lo primero que te encuentres sean unas chimeneas humeantes, muy al estilo de la central de Homer, aunque estas pertenezcan a algún tipo de fábrica.

No había mucha hambre y nos apetecía ser originales, así que nos hemos ido al cine. Pero no a uno cualquiera, sino al Drive In Route 66. Uno de esos míticos cines al aire libre en los que la gente ve la película desde su coche. La chica de la entrada cuando nos ha visto llegar en la moto se ha sorprendido y se ha reído. "¿Tenéis radio?". "Por supuesto guapa, esta es una Electra Glide". Así que hemos pagado 6$ (algo más de 4 €) por cabeza, hemos encendido la radio de la moto y hemos escuchado, y visto, Transformers 2. Por cierto, no sé si los días aquí empiezan a dar sus frutos pero no tengo duda de que ha sido la película en inglés que mejor he entendido de todas las que he visto nunca.

De todas formas, por si algún día se os ocurre, así entre nosotros, ver una película sobre una moto no es excesivamente cómodo.

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miércoles, 22 de julio de 2009

Día 15, martes 21 de julio: Chicago, una grata sorpresa


En el estadio de los White Sox

Chicago
nos ha sorprendido. Quien la conocía nos lo había advertido, pero aún así no esperábamos encontrarnos con esta gran ciudad. Ahora mismo, me dan a elegir entre NY y Chicago y no sabría muy bien con cual quedarme. NY tiene ese "algo" que la hace sumamente especial, pero Chicago es una ciudad realmente bonita y tiene espectos que creo que la hacen única. El tren elevado y su skyline no tienen precio.

El tráfico no es tan duro como lo plantean en las guías. Teníamos ciertas dudas sobre si mover la moto por la ciudad por todas esas advertencias, pero ni mucho menos es peor que la gran mayoría de ciudades europeas. Tiene dos aspectos negativos: sin GPS es imposible moverse, sobretodo por la circunvalación de la ciudad (jamás he visto tal cantidad de salidas, rampas arriba y abajo...) y, los parking son carísimos (es más caro 1 hora de parking que llenar el depósito de la moto).

A primera hora aparcamos en uno de estos parkings, de los míticos con curvas cerradísimas y un montón de pisos. Estaba al lado del río y de la oficina de información. Nosotros somos de los que huimos de todo lo que sean visitas guiadas y tours, nos gusta ir a "nuestra bola", pero en esta ocasión, vimos que el tour de bus descapotable era nuestra mejor posibilidad por el poco tiempo que vamos a estar en la ciudad. Y vaya si ha sido un acierto. Nos han hecho un recorrido por toda la ciudad y han ido explicando la mayoría de las grandes joyas de la arquitectura que tiene Chicago. Además, por el mismo precio, nos hemos hecho con la entrada a la Sears Tower, y ahorrándonos además las colas que en muchos días sobrepasan las 2 horas. Por cierto, la Sears Tower, el edificio más alto de USA y uno de los más altos del mundo, impresionante. Sin duda, un duro competidor para los dos miradores de NY.

Hemos acabado el tour, bastante largo, con el tiempo justo para coger la moto e ir al US Cellular Field, el estadio del equipo de béisbol Chicago White Sox. Habíamos comprado las entradas por la mañana y queríamos estar un rato antes del comienzo del partido (las 19:11 h, a ver si alguien sabe explicar el porqué de esta hora tan rara, porque no hemos conseguido averiguarlo).

Había leído por ahí que los americanos tenían por costumbre prepararse unas "barbacoitas" antes de los partidos, no quería creermelo hasta verlo con mis propios ojos, y vaya si lo vi. Allí, en el parking, los tíos habían tirado de barbacoa y sillas plegables, carne, cerveza, y a merendar (porque la cena es en el estadio). Estos americanos no dejan de sorprenderme.

Encontramos rápido nuestros sitios. Por cierto, qué entradas. Decidimos coger las más caras por eso de "es una vez en la vida". Que por otra parte no eran nada caras para lo que estamos acostumbrados, al cambio unos 35 euros. Bueno, pues no VIP, pero casi. Asientos acolchados, tiendas, servicio de cocina... y, nada de ir a buscar la comida, se la encargas a los camareros y ellos te la traen. Así sí que da gusto ver un partido. ¿Y los baños?, casi se podía comer en ellos. ¿Cuántos de nosotros hemos estado en los baños del estadio de Riazor, sin ir más lejos?

Realmente fuimos de valientes, porque ni idea, pero lo que es ni idea, de béisbol. Pero ni papa. Pues al final, hasta hemos salido de allí sabiendo de qué va el tema. Entre fijarnos bien y las puntaciones del marcador (¡qué marcador!) fuimos deduciendo el juego. Pero, así entre nosotros, allí lo que prima es el mundillo que implica el partido, porque lo que es el juego en sí mismo... Pocas veces he visto juego tan lento. Se mueven más los que juegan a la petanca que estos señores, que se pegan una carrera cada cuarto de hora, como mucho. Al final, derrota para los de casa 2-3. Pero lo de menos es el resultado. El espectáculo, con vídeos, himnos, comida a destajo e, incluso, fuegos artificiales, es lo que queríamos ver. Para mi, lo mejor, la posibilidad de llamar a un número y dejar en un contestador un mensaje a tu camarero del estadio favorito para luego reproducirlo durante el partido. "Eh, Mike, soy yo tío, el de la gorra de la cuarta fila. Eres el mejor, colega. Traeme una cerveza" (viene siendo más o menos la traducción del primer mensaje que sonó). Eran las 7 y pico de la tarde y no había hambre, pero acabamos por pedirnos un perrito para los dos, porque ya nos daba vergüenza. ¡Cómo come esta gente! No paraban, la cantidad de dólares que se dejaron en comida y bebida durante el partido. ¿Y el juego? miran para el campo de vez en cuando, la mayor parte del tiempo la pasan comiendo, bebiendo, hablando o mirando el móvil.

Al salir de allí nos hemos acercado hasta Giordano's, la mejor pizza con masa Chicago de la ciudad. Casi más alta que la Sears Tower, pero bastante más sosa la verdad, las he comido mejores. Y para digerir bien la pizza, una copita en Green Mill, un bar con música jazz y blues en directo, famoso por ser uno de los locales favoritos de Al Capone y por mantenerse practicamente igual a como estaba en aquella época.

Mañana habrá un par de actividades más antes de abandonar la ciudad y tomar los "restos" de la Route 66. El viaje continúa, pero amigos... ¡Chicago, qué gran ciudad!

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